Marrakech es una de las ciudades más importantes de Marruecos, con un legado histórico y cultural que se mantiene vivo en todo el paisaje urbano. Sus calles representan una revolución sensorial permanente, sobre todo para los occidentales que por primera vez interactúan con las costumbres de una sociedad musulmana.

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Julien Ramage

 

Pero como en toda ciudad con intensa actividad turística, existen áreas cuyo entorno resulta más “familiar” para los visitantes que llegan desde esta parte del mundo. En Marrakech ese lugar es Guéliz, el centro de la ciudad nueva, que presenta un paisaje comercial con casas de comidas y tiendas despojadas de la impronta árabe. Y lejos de las áreas con mayor concentración habitacional.

En ese barrio se ubica Marrakech Ink, el único estudio de tatuajes legal en todo Marruecos. Su creador es Julien Ramage, un francés de Lyon que define al proyecto como “una loca aventura que comenzó cuando necesitaba hacer cambios en mi vida. Surgió la oportunidad  y vine. No fue planificado”.

Quizás influenciado por la cercanía al desierto del Sahara, la experiencia de ingresar a Marrakech se asemeja a un oasis. El estudio se aloja en un local de ambientación minimalista, donde el aire acondicionado combate el calor del exterior. Otro elemento clave es la música, que se impone al bullicio y las múltiples voces que dan forma el encantador exotismo de las calles.

Guéliz está algo desvinculado del entorno tradicionalista que se vive en otras áreas de Marrakech.  Esto le permite a Julien mantenerse al margen de eventuales cuestionamientos a su actividad por motivos religiosos, ya que la interpretación más conservadora del Islam rechaza modificaciones en el cuerpo. “Nunca tuve ningún tipo de problema ni me juzgaron por hacerlo. Las personas de aquí ni siquiera consideran tatuarse. Simplemente les genera curiosidad”, asegura.

Un destino, un estilo

Antes de desembarcar en el norte de África, Julien no había definido un camino para desarrollar su arte ni se enfocaba en un estilo de tatuaje en particular. Hoy, definitivamente instalado en Marrakech y con más de diez años de experiencia, se especializa en trabajos de simetría y puntillismo. “Me fascina crear dibujos con muchos detalles, como las mandalas”, especifica.

Los clientes de Marrakech Ink son turistas o expatriados que viven en la ciudad. “Muchas veces, vienen por lo que representa la experiencia de tatuarse en Marruecos, y soy el único tatuador legal trabajando en el país”, explica Julien. “Pero como por lo general se genera una buena relación, después vuelven por una cuestión de lealtad”, asegura.

Desde el primer contacto con el cliente, establece un vínculo en el que busca “tomarme el tiempo para analizar las ideas y pedidos de cada uno. Mi objetivo es guiarlos hacia algo desafiante, para llegar a un tatuaje que se convierta en una pieza única y distintiva”.

Este intercambio no solo es determinante para el proceso que concluye con una creación específica. También se relaciona con el concepto que Julien tiene del tatuaje: “Para mí es un gran  canal de comunicación. No sólo por el mensaje que la persona puede transmitir con la imagen que desea llevar. Desde mi perspectiva de tatuador, es increíble ver lo que un poco de tinta puede generar en la gente. ¡Es una inyección de energía!”.

Así son los días en Marrakech Ink. Forjados por historias que llegan de otros países pero que establecen un vínculo indeleble, sostenido en la eterna promesa del reencuentro.


marrakechink@gmail.com

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