Cuando Jan Cría Cuervos analiza los caminos que recorre como tatuadora, asegura: “Vivo de esto desde que empecé y sin darme cuenta se convirtió en una profesión. Se volvió algo natural”.

Movilizada por una coherencia inquieta, cada uno de sus emprendimientos creativos conlleva un proceso de investigación que la desplaza de su zona de confort.

Jan Cría Cuervos

Cambian los formatos, los soportes y las propuestas, pero siempre permanece un hilo conductor, referente a su obra. Quizás por eso define a su estilo como experimental. “Lo veo cambiante de acuerdo a la época, ya que voy probando cosas nuevas. Y creo que seguirá así”.

Ese estilo se refleja en sus tatuajes más representativos, que se nutren de la relación con el cliente y esa negociación constante para alinear deseos con propuesta.

“Para que un tatuaje funcione necesito conocer y entender a quien lo va a llevar. Si alguien me viene a buscar porque le gusta lo que hago, probablemente estará abierto a lo que yo proponga”.

Más allá de la técnica utilizada, lo que no se negocia son los resultados que se concretan en cada tattoo, principalmente en términos de durabilidad: “En la foto queda siempre bien. Pero si desaparece cuando cicatriza, no está bien hecho”.

Búsqueda y creatividad

Día tras día, el mundo de Jan se alimenta con nuevos proyectos. En ellos renueva el entusiasmo que aplica a las distintas etapas de creación. Por eso asegura que “lo más gratificante de tatuar es todo el proceso”.

Sin embargo, no siempre lo disfrutó de esa manera. Con el paso del tiempo, los distintos enfoques creativos que caracterizan a la obra de Jan fueron estimulando su evolución (que sigue avanzando). Así, elige participar de proyectos con cuyos objetivos tiene cierto nivel de compromiso y afinidad.

“Hoy disfruto mucho más de lo que estoy haciendo, del proceso creativo completo, que es un largo camino de autoconocimiento y aceptación. Sigo aprendiendo, pero desde otro lugar: desde el perfeccionamiento, aunque una ya tiene sus mañas también. Antes había más frustración a superar todo el tiempo. Ahora los resultados son más gratificantes. Me puedo dedicar más a la parte creativa, a la búsqueda, que es lo más divertido”.

En todos los frentes

En ese contexto de satisfacción, Jan no deja que haber afianzado su madurez artística se convierta en una meseta de comodidad. Al contrario, la usa como combustible para encender focos de acción que estimulan su evolución.

Un ejemplo es su rol de copropietaria de Homeless Tattoo Club. “Trabajaba sola porque necesitaba un ámbito donde desarrollar un método. Pero como el intercambio es positivo, no queríamos dejar los proyectos en común sólo para las convenciones o las visitas”.

Las capacidades creativas de Jan no se limitan al tattoo. Abarcan dibujo, pintura, lettering y escultura. En Homeless no sólo las desarrolla, sino que en conjunto con los demás integrantes y artistas invitados, organiza eventos para darles visibilidad.

El año pasado, en la galería del estudio, organizó, curó y montó la muestra colectiva DEMOSTRAS, con obras de más de 20 mujeres de distintas disciplinas, como fotografía, escultura y audiovisual.

Otra de las iniciativas colaborativas de las que Jan participó en 2017 fue la Ladies Night Tattoo Flash, junto con otras tatuadoras de diferentes estilos. Más allá del desafío de tatuar los diseños de otra artista, la propuesta contribuyó a dar visibilidad al talento y las capacidades profesionales de las mujeres que se desarrollan en el rubro.

Esas muestras y proyectos conjuntos se integran a la búsqueda creativa de Jan y la nutren de catalíticos que propician el cambio experimental que configura la inconformista identidad de su obra.